Amablemente

No es el Síndrome de Estocolmo. No. Sino su forma de hablarme, de alcanzarme la comida, la bacinilla. Sé que me quiere. Incluso me trajo lápiz y papel porque sabe que me gusta escribir; está en todos los detalles: ahora prepara, amablemente, el silenciador para que no escuche el disparo.


Escrito para 50 palabras.